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Agua Negra

Es madrugada y Miguel Ángel despierta sobresaltado. Raro: la noche anterior se acostó tarde y según recuerda bastante alegre. Está inquieto aunque todavía no lo nota y su cuerpo actúa de memoria: tira el manotazo para alcanzar los puchos que dejó en el piso, que siempre deja en el piso, al lado de los zapatos, y se sumerge hasta el antebrazo.  

Claudia algo intuye y mas tarde dirá que la vió venir; por eso pudo salvar algunas cosas, las importantes; los documentos, los ahorros, los zapatos buenos y un tapado de visón que no recuerda cuándo usó por última vez: todo arriba del pesado ropero provenzal de 3 puertas que el agua no pudo mover.

Irma no suele dormir mucho y la lluvia nunca le gustó. Por eso ve cuando el agua empieza a entrar por debajo de la puerta, a borbotear en la alcantarilla del patio, a trepar por las paredes con la lentitud de un animal gigantesco. Y por eso puede subirse a un banquito para alcanzar el aire que se le escapa cuando el agua negra y fría le salpica la cara y ya no hay luz y no sabe si el sol saldrá alguna vez.

Chicho sabe que no es el único, que esta desgracia le tocó a otros muchos, y no quiere hacer de la suya una historia de héroes; dice que el héroe elige sus luchas y que él sólo se dedicó a sacar viejos empapados y con hipotermia de las casas vecinas porque si los dejaba morir no lo iban a dejar tranquilo nunca más. Dice, también, que los héroes no tienen problemas en encarar solos pero que él hubiera preferido que se acerque un gomón de Defensa Civil o uno de la Brujita Verón para el rescate pero ni Estado ni Dios le dieron una mano.

Cecilia no puede llegar a su casa, lo intenta pero la 520 ya no es una calle, es un río frenético, un Maelstrom hambriento que se está tragando su barrio. Otros a su lado -¿vecinos? no los reconoce- contemplan el desastre y dudan; sigue lloviendo; un hombre joven murmura algo sobre su madre y se pierde en la oscuridad avanzando con el agua al pecho. Ella encontrará refugio en la casa de una familia de desconocidos; se acostará extenuada y a oscuras en la cama de una niña a la que nunca verá, aferrada a un celular que le avisa de la inundación en el Hospital Español, del incendio de una refinería de YPF, del desborde de los arroyos, a esperar el fin del mundo.

Entre la noche del 2 y la madrugada 3 de abril llovieron cerca de 400 mm en la Ciudad de La Plata, situada a 60 kilómetros al sudoeste de Buenos Aires. La falta de obras hidráulicas y el inexistente planeamiento urbano colapsaron los canales de desagües que dirigen el agua hacia el Río de La Plata; el arroyo el Gato y el Maldonado desbordaron, convirtiendo las calles en ríos furiosos, sumergiendo vehículos, atrapando conductores y pasajeros, arrastrando peatones. Muchos residentes se refugiaron en los pisos altos, en los techos de las casas, para esperar la ayuda que demoró más de 10 horas en llegar y en algunos lugares aún sigue ausente. 55 son los muertos reconocidos oficialmente y 3.500 los evacuados. Se calcula que el 25% de la población platense fue afectada por esta inundación histórica.

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Las fuertes lluvias desbordaron los arroyos que recorren la Ciudad de La Plata de Oeste a Este, hacia el Río. Al retirarse, dejaron sus huellas.

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Tolosa fue uno de los barrios más afectados; el agua entró en las casas arrasando con todo. Según un informe preliminar del municipio de La Plata, 58.500 propiedades se vieron afectadas por las lluvias.

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Angela Baronio, 82, residente del Barrio de Tolosa, al noreste de La Plata.

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Edith con los muñecos que recuperaron de la inundación. Su casa se encuentra en el asentamiento que bordea el arroyo "El Gato".

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Pablo Pinthos trabaja en Tolosa pero vive en City Bell. El día de la inundación encontró este cuadro de Jesus flotando entre varias otras cosas que el agua había sacado de las casas.

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Romina Calderón vive en Tolosa. muestra la marca que dejó el agua en su habitación a una semana de las inundaciones.

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Las empresas recolectoras de residuos anunciaron que en lugar de las habituales 800 toneladas, en los días sucesivos a la inundación se recogieron mas de 4.000 toneladas de basura.

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Cinthia Vodenicharoff es escribana. La noche de la inundación se ocupó de salvar primero las escrituras. Luego se acostó con su marido y su hija en la cama grande. Cuenta que escuchaban gritos en las calles hasta que se hizo silencio.... (+)

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La pared lateral de un colegio privado se derrumbó por la presión del agua acumulada.

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Susana Castañera, 55, del barrio de Tolosa.

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La solidaridad para con los afectados llegó de todas partes. Ademas de alimentos, ropa y colchones se pidió por lavandina y productos de limpieza para quitar las huellas del desastre.

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Pamela Olmedo, 21, residente del barrio de Ringuelet.

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Al retirarse, el agua dejó marcas indelebles.

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Santiago Barrera trabaja en el CEMASE en los bordes del arroyo el Gato.

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