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La Familia Cromañon

No existe palabra para denominar la muerte de un hijo: viudo el que pierde su esposo, huérfano el que pierde los padres; pero no se inventó ninguna palabra para describir el dolor por el fallecimiento de un hijo. La noche del 30 de diciembre del 2004 murieron 196 personas atrapadas en un incendio sin llamas durante un recital de música. Callejeros tocaba su primer tema: Rock'n rolles sin destino. A partir de allí, en Argentina, la palabra "Cromañon" cambio de significado y remite a eso y solo a eso: una masa negra y pegajosa, mezcla de humo, secreciones y hollín entre cientos de zapatillas esparcidas por la calle Bartolomé Mitre. Una oscuridad húmeda que salpica tristeza en gruesas gotas de sangre negra.
El 31 de diciembre, con muchos pibes todavía en el hospital, unos padres decidieron marchar a Plaza de Mayo. Empezar a caminar, como para calmar o atizar esa bronca. Salir de Once y del humo. Los acompañaron algunos sobrevivientes que habían permanecido en las cercanía hasta entonces (algunos quedaron allí formando la vigilia hasta varios meses después), se sumaron los familiares, amigos y la gente que quería entender algo entre la neblina con la que los medios habían cubierto la tragedia. Se decía que los pibes estaban drogados y que no podían encontrar la salida; que habían muerto niños en una guardería armada en el baño de mujeres; que no habían dejado actuar a los bomberos y que las bengalas y el rock n'roll... Omar Chaban, el dueño del lugar había desaparecido con el dinero de la recaudación; Callejeros, la banda que había organizado el recital era parte de los damnificados pero tampoco aparecían; la sala de concierto estaba habilitada pero nadie se hacia cargo de las condiciones del lugar: un claustro sin salidas de emergencia y con decoración inflamable. Casi 200 personas habían muerto pero parecía solo una tragedia, un descuido durante un recital de rock. A esa primera marcha espontánea la siguió otra 3 días después con estas consigna: «ni una bengala, ni el rocanroll, a nuestros pibes los mató la corrupción» o «Ibarra, Chaban, la tienen que pagar». Se empezaba a coordinar algo entre tanta gente dispar. Lo único que unía a todos, además de la circunstancia de conocer a alguien que acudió a un recital, era ese mismo dolor lacerante, inexplicable, ese sufrimiento sin nombre. En las marchas se discutía si había que manifestarse en silencio o gritando, cantando o llorando, si había que rezar o putear, exigir o esperar. Con la obligación de escucharse y de consensuar se iba gestando, como en una familia, un grupo de amigos. Más que amigos; hermanos que uno no elige. El 30 de enero, la primer marcha a plaza de mayo fue muy concurrida y mostró más claramente aún los contrastes. Partidos políticos, religiones, motoqueros, rollingas, abogados… entre miles de personas que concurrían por primer vez en su vida a una marcha. Esa imagen fue interpretada por la prensa como desunión. Se dijo que los familiares, además de locos, estaban divididos. En realidad nunca se habían juntados así que eso sirvió para ir elaborando el acercamiento de los diferentes grupos. Consciente de que eran parte del mismo cuerpo pero con diferentes características le pusieron ese nombre muy anatómico. Como se junta el brazo del torso, el pie del tobillo, la cabeza del cuello los grupos no podían sino articular sus reclamos propios en ese empuje común. El primer documento consensuado por la articulación de los diferentes grupos de padres, familiares, sobrevivientes, amigos y vecinos solidarios con las víctimas de Cromañón fue solo el primero, como el grito del recien nacido. A partir de ahí, cada fecha 30 fue un aniversario para afirmarse, y en cada uno de ellos un documento consensuado para decirle a la sociedad que existían y que estaban creciendo. Quizás por miedo o por indiferencia, el movimiento Cromañon fue mal interpretado desde el comienzo. Se lo relacionó con la derecha por atacar a Ibarra; se lo tildó de violento por tirarle huevos a Estela de Carlotto; golpista por exigir a la justicia resultados; insano por querer crear vida desde la muerte. La mayoría de los familiares había rechazado la indemnización (casi 300 000 pesos) para poder demandar al estado por lo que ya se sabia no era una tragedia sino una masacre. Pero la gente se seguía incomodando por las acciones de los familiares o tal, vez simplemente por su existencia. Todos sentimos que vivimos un Cromañon latente y verlos a ellos ahí nos obliga a reconocer que nuestra situación no es precaria porque si, lo es porque es negociable y que encima vale poco. Vale menos si sos pobre, si sos joven, si sos negro o vivís en tierras periféricas. Vale poco aunque sean muchos así, y de poco podés ser nada si interferís en el panorama y pedís que te reconozcan algún derecho. Vivir no solo cuesta vida aunque lo diga un rock'n'roll del país. Vivir es también tratar de prender una luz en lo mas oscuro. Los padres de Cromañon inventaron muchas formas de resinificar su reclamo. Se plantó un bosque en Parque Patricio con 194 árboles que lleván los nombres de los pibes, se armó una murga, una importante muestra de foto, muchos poemas, libros, sitios de Internet: cultura y resistencia. Transformar el dolor en lucha, pelear por justicia y «para que no se repita» son lemas como parte de las consignas. Siendo fieles siempre a la cultura de los chicos, los padres sienten que pelean porque ellos los hubiesen apoyado en eso y no callando. «Mata la injusticia pero mas mata olvidar» dice una frase en el santuario. Al lado, este poema: «Me los imagino contentos. Me los imagino saltado. Me los imagino orgullosos. Por como estamos luchando...»

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Más de 10 años pasaron desde esa noche en que murieron 194 personas en un boliche del barrio de Once llamado Cromañon. Fue un 30 de diciembre, 24 horas antes de cambiar de año. La marcha entre Plaza Miserere y plaza de Mayo se repitío el 30 de cada mes.... (+)

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Marcha a 2 años de la masacre. En el santuario, algunos poemas: Me los imagino contentos. Me los imagino saltado. Me los imagino orgullosos. Por como estamos luchando...

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Los 30 de cada vez, desde aquel 30 de diciembre, se marcha entre la plaza Once y la Plaza de mayo.

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Algunos de los nombres de las víctimas escritos en una pared del de santuario sobre la calle Bartolome Mitre. Después de una marcha el 30 de diciembre del 2006

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En un principio se difundió la noticia que las madres dejaban sus niños en una guardería ubicada en el baño de Cromañon.... (+)

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Los padres de las victimas asisten al juicio contra el alcalde de la ciudad Anibal Ibarra. Consideran que la corrupción de los inspectores municipales es una de las principales causas de la amplitud de la tragedia.

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Festejos después del anuncio de la destitución del jefe de Gobierno Anibal Ibarra. Legislatura de la ciudad de Buenos Aires, el 14 de noviembre 2005

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Santuario en la plaza Once.

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Buenos Aires el 01 de octubre 2005. Inauguración del bosque de la memoria por los chicos de Cromañon. Se plantaron 194 arboles, uno por cada victima.

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Santuario por la tragedia de Cromañon, Plaza Miserere en Buenos Aires 30 de julio del 2005

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Banderazo en el obelisco en apoyo a la banda Callejeros. El grupo, a pesar de contar entre las victimas a varios familiares, tiene su parte de responsabilidad en la tragedia ( estaban a cargo de la organización y la seguridad del recital y de la venta de entradas).... (+)

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Recital de la banda «el Bordo» en el Teatro el 24 de septiembre 2005.

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Recital de la banda «el Bordo» en el Teatro el 24 de septiembre 2005.

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Familiares buscando noticias en la morgue judicial el 31 de diciembre 2004.

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El Santuario edificado por los familiares de las victimas de Cromañon se encuentra a metros de donde se encontraba el boliche en la plaza de Miserere en los alrededores de la estación de tren. El 30 de diciembre 2006, a dos años de la masacre.

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